MÁSCARAS

 

 

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A veces usamos máscaras que nos aportan una falsa seguridad y nos resistimos a vivir sin ellas.

Así como hay muchas máscaras, la falsa autoestima  es una de ellas. No es, ni más ni menos, que una imagen de protección que nos pone a salvo de los demás, tapa nuestras debilidades haciéndonos sentir a salvo aparentando una mayor seguridad.

En ocasiones, la belleza, el éxito en el plano profesional, el disfrute de una buena posición económica, el narcisismo, etc son caretas que ocultan una baja autoestima.

No depende de que una persona sea hermosa el que tenga más autoestima. Hay personas hermosas con baja autoestima y personas menos agraciadas que poseen una autoestima elevada. Las personas bellas de baja autoestima, tienen la creencia de que si se les conociera de verdad, defraudarían y el ir desarregladas o con imperfecciones les crea inseguridad.

Del mismo modo, los que cultivan el éxito profesional para esconder su baja autoestima piensan que sin el trabajo no tienen valor. Suelen presumir demasiado de su puesto de trabajo y se posicionan por encima de los demás para esconder su debilidad y contrarrestar esa falta de valía.

Los que se escudan bajo la etiqueta económica presumirán de sus pertenencias y adquirirán aquellos objetos más novedosos  del mercado apoyándose en cosas exteriores presumiendo de lo que tienen.

Los narcisistas,a su vez, inflan su ego y atacan las debilidades de los demás mostrándosela prepotentes y orgullosos aunque por dentro no se encuentren realmente satisfechos consigo mismos.

Dicen que para descubrir cómo una persona se trata a sí misma sólo hay que observar cómo trata a los demás. En la medida en la que nos despojemos de todo aquello que es accesorio, más nos acercaremos a nosotros mismos.

Os dejo un trocito de la película “Ángel – a” del director francés Luc Besson en la que  el protagonista, André, se encuentra con su ángel de la guarda.

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