SÍNDROME DE WENDY

 

 

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Seguro que os suena el síndrome de Peter Pan, ¿sabíais que existe además el síndrome de Wendy?
Usemos los polvos de hada para viajar al país de Nunca Jamás y observar a Wendy.
Wendy es la niña responsable que cuida de todos los personajes del cuento, asumiendo riesgos, tomando sus propias decisiones, atreviéndose a llevar a cabo todo aquello que los demás no son capaces de asumir, además, en muchas ocasiones Peter Pan sale victorioso gracias a ella, pero ésta siempre se mantiene a la sombra, Wendy siempre está en un segundo plano.
Realmente hay muchas “Wendys”en el mundo. Estas mujeres piensan que son imprescindibles sintiendo que deben encargarse de todo. Sienten una culpabilidad enorme cuando algo no sale como esperaban o cuando no pueden satisfacer a los que la rodean.
Son perfeccionistas y están constantemente centradas en satisfacer a sus hijos y a sus parejas, adoptando en muchas ocasiones el rol de madre de sus propias parejas en una relación en la que amor y sacrificio van unidos de la mano. Condenan y sacrifican su felicidad por la felicidad de la pareja y sus necesidades e inquietudes, al igual que ella, quedan relegadas a un segundo plano.
Las influencias culturales tan arraigadas, las influencias educativas, el miedo al rechazo o determinados rasgos de personalidad, como la baja autoestima, son los factores que lo causan.
Por otro lado, las consecuencias son terribles y fáciles de imaginar: tristeza , soledad, problemas de pareja, ansiedad y depresión, agotamiento, etc.
Pero como casi todo cuento que se precie hay un final feliz. Este síndrome se puede controlar trabajando habilidades interpersonales (aprender a “decir no” y delegar tareas ), acabando con la idea que tienen de que si se esfuerzan mucho por la pareja, verá lo mucho que lo quiere y nunca la abandonará.
Además del trabajo encaminado a romper sus miedos para salir de ese círculo vicioso en el que no exige la atención ni el afecto por parte de la pareja que se realiza con técnicas cognitivas.

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PLACEBO

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“La expectativa, es decir, lo que esperamos que suceda, influye en el desarrollo de nuestra enfermedad, provocando incluso que los síntomas desaparezcan o que surjan otros nuevos”

Magnus Heier

Si pensamos en cómo factores como el estrés pueden llegar a alterar el funcionamiento de nuestros órganos llegando a disminuir nuestras defensas, es decir, somos capaces incluso de enfermar a veces por nuestro comportamiento, por nuestros pensamientos…¿podemos invertir esta situación? ¿Podemos experimentar alivio a una enfermedad o incluso ser capaces de superarla?

En palabras del investigador estadounidense David J. Scott, cuando una persona cree que va a tomar una medicina eficaz, en su cerebro se activa una región relacionada con la habilidad de experimentar un beneficio o una recompensa (el núcleo accumbens) y segrega una sustancia denominada dopamina, que produce un efecto analgésico.

El efecto placebo es la “capacidad” que posee un medicamento totalmente inocuo, sin ningún efecto farmacológico de curar. Es la sugestión de nuestro cerebro al ingerir un medicamento con un supuesto poder curativo que no posee tales características.

Desde el ámbito de la psicología , una relación positiva entre un médico y su paciente sumada a ese deseo de recuperación son factores más que suficientes para producir una mejoría sobre la persona.
Siendo biológicamente inactivo, el placebo puede producir efectos tanto fisiológicos como psicológicos.