You are beautiful…

Ya lo decía Bob Marley , “La curva más hermosa de una mujer es su sonrisa” … pero lejos de hablar de Bob Marley y del poder de una sonrisa, este post tiene más que ver con el poder de la palabra, concretamente de tres palabras “mágicas” que parecen tener la habilidad de producir sonrisas en toda aquella mujer que las recibe.

Hace poco llegó a mis manos un artículo sobre un fotógrafo turco, Mehmet Genç, que se hace llamar Rotasiz Seyyah , algo así como “nómada sin ruta”.
Genç pasó seis años trabajando en Estambul antes de dejarse llevar por su verdadera pasión, la fotografía. Nació y se crio en Samsum, Turquía, pero de un tiempo a esta parte cualquier lugar del mundo en busca de la fotografía perfecta parece ser su hogar.

Casi por accidente descubrió, mientras documentaba sus viajes en América Latina y tras fotografiar a los nativos sin obtener la respuesta deseada cuando les pedía que sonrieran, que necesitaba un “rompehielos” que provocase en ellos una sonrisa.

Afirma que la primera vez que dijo a alguien “eres tan hermosa…” fue a una mujer en la ciudad de San Cristóbal de México en enero de 2015. Su increíble sonrisa tras escuchar esas tres palabras le hizo darse cuenta de que por fin tenía un proyecto al que llamó : “You are Beautiful”

Este interesante proyecto recoge un sinfín de fotografías de mujeres en las que se muestra el antes y el después tras oír dichas palabras. La verdad es que los resultados son bastante impresionantes.

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La escultura

 

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Cuentan que el famoso escultor y pintor renacentista Miguel Ángel Buonarroti explicaba que para él tallar sus esculturas era algo muy simple; el sólo quitaba lo que sobraba de piedra en aquellos bloques de mármol.

Mirarnos a nosotros mismos es tan simple y a la vez tan complejo como eso. No es ni más ni menos que quitar los pedacitos de roca que están de más para dejar ver nuestra esencia, aquella esencia que para Miguel Ángel una simple piedra de mármol tenía en su interior antes de descubrir la hermosa escultura que es.

SAUDADE de Miguel Falabella

Agarrarse el dedo con una puerta duele.
Golpearse la cara contra el piso, duele.
Torcerse el tobillo, duele.
Una bofetada, un puntapié, duelen.
Duele golpearse la cabeza con el borde de la mesa,
duele morderse la lengua, una carie y piedras en los riñones también duelen.

Pero lo que más duele es la saud ade.
Saudade de un hermano que vive lejos.
Saudade de una cascada de la infancia.
Saudade del gusto de una fruta que no se encuentra más.
Saudade del papá que murió, del amigo imaginario que nunca existió…

Saudade de una ciudad.
Saudade de nosotros mismos, cuando vemos que el tiempo no nos perdona. Duelen todas estas saudades.
Pero la saudade que más duele es la saudade de quien se ama.
Saudade de la piel, del olor, de los besos. Saudade de la presencia, y hasta de la ausencia consentida.
Tú podías quedarte en la sala, y ella en el cuarto, sin verse, pero sabiéndose ahí.
Tú podías ir para el dentista y ella para la facultad, pero se sabían allí.
Tú podías pasar el día sin verla, ella el día sin verte, pero sabían del día de mañana.
Pero cuando el amor de uno acaba, o se torna menor, al otro le sobra una saudade que nadie sabe como detener.
Saudade es básicamente no saber. No saber más si ella continúa sufriendo en ambientes fríos.
No saber si él continúa sin afeitarse por causa de aquella alergia.
No saber si ella todavía usa aquella mini.
No saber si él fue a la consulta con el médico como prometió.
No saber si ella se alimentó bie n últimamente por causa de esa manía de estar siempre ocupada.
Si él estuvo yendo a las clases de inglés, si aprendió a entrar en la Internet y encontrar la página del Diario Oficial.
Si ella aprendió a estacionar entre dos coches.
Si él continúa prefiriendo la cerveza oscura. Si ella continúa prefiriendo jugo de naranja.
Si él continua sonriendo con aquellos ojitos apretados…
Si ella sigue bailando de aquella forma enloquecedora… Si él continua cantando tan bien.
Si ella continua detestando Mc Donald’s.
Si él continua amando. Si ella sigue llorando hasta en las comidas. Saudade realmente es no saber!

No saber que hacer con los días que son más largos, no saber como encontrar tareas que detengan el pensamiento,
no saber como frenar las lágrimas al escuchar esa música, no saber como vencer el dolor de un silencio…

Saudade es no querer saber si ella está con otro, y al mismo tiempo querer. Es no saber si él está feliz, y al mismo tiempo preguntar a todos los amigos por eso…

Es no querer saber si él está mas flaco, si ella está mas linda.
Saudade es nunca más saber de quien se ama, y mismo así doler.

Saudade es esto que sentí mientras estaba escribiendo y lo que tú, probablemente, estés sintiendo ahora después de leer…
“En alguna otra vida, debemos haber hecho algo muy grave para sentir tanta saudade…”

 

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Lisboa

La piel que contaba una historia

“No había visto nunca ningún tipo de arte de un niño convertido en tatuajes”.

Estas fueron las palabras de Keith Anderson, un papá canadiense que – abrumado por la forma en que su hijo Kai crecía e iba quemando etapas de su vida ideó una particular forma de detener el tiempo.

Desde que su hijo cumplió los 4 años decidió revestir su cuerpo con tatuajes de los dibujos que éste hacía.

Una forma de detener el tiempo, un diario de piel, que como las arrugas, dejan constancia de los momentos vividos.

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Fotografías : Chance Faulkner

chancefanlknerphotography.com

Algo más hermoso

 

A finales del s. XV el shōgun Ashikaga Yashimasa ordenó reparar uno de sus tazones de té favoritos. El tazón volvió arreglado pero con unas feas y toscas grietas grapadas que lo afeaban.
Desconsolado, pidió a artesanos japoneses que le dieran otra solución y fue así cómo surgió el arte japonés del Kintsugi, mediante el cual para restaurar los objetos rotos, los japoneses reparan la zona dañada rellenando las grietas con oro. Piensan que, cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia detrás, se vuelve algo más hermoso, por lo que no hay que ocultar sus cicatrices, sino destacarlas.
Con esta técnica de la carpintería de oro, la cerámica no sólo queda reparada, sino que es más fuerte que la original. En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, éstos se acentúan y celebran, convirtiéndose en la parte más fuerte de la pieza, la que le da valor y de algún modo la saca del mundo ordinario de los objetos comunes.

                                                                                   A MAVI…

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Genial fotografía de alexandrababan.deviantart.com