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Sigilosamente volvió a ahogar su cansancio para poder verla dormida y acariciar los sueños en los que paseaban juntos por las plácidas calles de aquella ciudad.
Esperó expectante a que abriese sus ojos, aquellos que no se cansaba de mirar, como cuando miraba al mar.

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LA CIUDAD QUE SE MECÍA CON EL VIENTO

 

En aquella extraña ciudad los habitantes luchaban para adaptar sus quehaceres diarios a aquel terrible vendaval ( es sabido por todos que los seres humanos somos capaces de adaptarnos a las inclemencias de la vida).
Al principio lo hicieron frustrados, sin embargo, poco a poco, fueron acostumbrándose al intransigente viento, pero…no creáis que querían que éste se fuese , pues hacía volar sus melenas, sus sombreros, sus periódicos …y era bastante inoportuno, pero también hacia volar su imaginación y sus problemas.