Amalia

Hace días conocí casualmente a una señora que me pareció una de las personas más positivas que he conocido. Su situación económica era bastante difícil y aún así, me hablaba de lo orgullosa que se sentía por cómo hacía para alimentar a su familia y de lo afortunada que era por todas las cosas buenas que ahora apreciaba de otra manera. Me dijo que había aprendido a levantarse cada mañana tomando la firme decisión de ser feliz y de vivir el día a día; me recordó este cuento que os dejo de Jorge Bucay. Sé que ella no verá este post pero, sin duda, este cuento está dedicado a Amalia.

 

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Genial fotografía de una gran persona y diseñador al que tengo la fortuna de conocer, Antonio Mancini

Esta es la historia de un sastre, un zar y su oso.

Un dia, el zar descubrio que uno de los botones de su chaqueta preferida se habia caido.
El zar era caprichoso, autoritario y cruel (como todos los que se enmarañan durante demasiado tiempo en el poder). Asi que, furioso por la ausencia del boton, mando a buscar al sastre y ordeno que a la mañana siguiente fuera decapitado por el hacha del verdugo.
Nadie contradecia al emperador de todas las Rusias, asi que la guardia fue hasta la casa del sastre y, arrancandolo de entre los brazos de su familia, lo llevo a la mazmorra del palacio para que esparara alli su muerte.
Al atardecer, cuando el carcelero le llevo al sastre la ultima cena, este meneo la cabeza y musito: “Pobre zar…”.
El guardia no pudo evitar la carcajada.

– ¿Pobre zar? Pobre de ti. Tu cabeza quedara bastante lejos de tu cuerpo mañana mismo.
– Tu no entiendes – dijo el sastre -. ¿Que es lo mas importante para nuestro zar?
– ¿Lo mas importante? – contesto el guardia -. No lo se. Su pueblo.
– No seas estupido. Digo algo realmente importante para el.
– ¿Su esposa?
– ¡Mas importante!
– ¡Los diamantes! – creyo adivinar el carcelero.
– ¿Que es lo que mas le importa al zar en el mundo?
– ¡Ya lo se! ¡Su oso!
– Eso. Su oso.
– ¿Y?
– Mañana, cuando el verdugo termine conmigo, el zar perdera su unica oportunidad de conseguir que su oso hable.
– ¿Tu eres entrenador de osos?
– Un viejo secreto familiar… – dijo el sastre -. Pobre zar…

Deseoso de ganarse los favores del zar, el pobre guardia corrio a contarle al soberano su descubrimiento.
¡El sastre sabia enseñar a hablar a los osos!
El zar estaba encantado. Mando a buscar inmediatamente al sastre, y cuando lo tuvo frente a si le ordeno:
– ¡Enseñale a mi oso nuestro lenguaje!
El sastre bajo la cabeza.
– Me encantaria complacerle, ilustrisima, pero enseñar a hablar a un oso es una tarea ardua y lleva tiempo… Lamentablemente, tiempo es lo que menos tengo.
– ¿Cuanto tiempo llevara el aprendizaje? -pregunto el zar.
– Depende de la inteligencia del oso…
– ¡El oso es muy inteligente! – interrumpio el zar -. De hecho es el oso mas inteligente de todos los osos de Rusia.
– Bien. Si el oso es inteligente… y siente deseos de aprender… yo creo… que el aprendizaje duraria… duraria… no menos de… ¡dos años!
El zar penso un momento.
– Bien. Tu pena sera suspendida durante dos años mientras entrenes al oso. ¡Mañana empezaras! – ordeno.
– Alteza – dijo el sastre -. Si tu mandas al verdugo a ocuparse de mi cabeza, mañana estare muerto, y mi familia se las ingeniara para sobrevivir. Pero si me conmutas la pena, ya no tendre tiempo para dedicarme a tu oso… Debere trabajar de sastre para mantener a mi familia…
– Eso no es problema – dijo el zar -. A partir de hoy, y durante dos años, tu y tu familia estareis bajo la proteccion real. Sereis vestidos, alimentados y educados con el dinero del zar y nada que necesiteis o deseeis os sera negado… pero, eso si: si dentro de dos años el oso no habla… te arrepentiras de haber pensado tu propuesta… Rogaras que el verdugo te hubiera matado… Entiendes, ¿verdad?
– Si, alteza.
– Bien. ¡Guardias! – grito el zar -. Que lleven al sastre a su casa en el carruaje de la corte. Dadle dos bolsas de oro, comida y regalos para sus niños. ¡Ya! ¡Fuera!
El sastre, en reverencia y caminando hacia atras, empezo a retirarse mientras musitaba agradecimientos.
– No lo olvides – le dijo el zar apuntandolo con el dedo directamente a la frente -. Si en dos años el oso no habla…

Cuando todos en casa lloraban por la perdida del padre de familia, el sastre aparecio en la casa en el carruaje del zar, sonriente, euforico y con regalos para todos.
La esposa del sastre no cabie en si de asombro. Su marido, al que pocas horas antes se le habia llevado al cadalso, volvia ahora, exitoso, acaudalado y exultante…
Cuando estuvieron solos, el hombre le conto los hechos.
– ¡Estas loco! – grito la mujer -. ¡Enseñar a hablar al oso del zar! Tu, que ni siquiera has visto un oso de cerca. Estas loco. Enseñar a hablar a un oso… Loco, estas loco…
– Calma, mujer, calma. Mira, me iban a cortar la cabeza mañana al amanecer, y ahora tengo dos años. En dos años pueden pasar tantas cosas…

– En dos años – siguio el sastre – se puede morir el zar… me puedo morir yo… Y lo mas importante: ¡a lo mejor el oso habla!

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14 pensamientos en “Amalia

  1. Reblogueó esto en archimalditoy comentado:
    Dicen que sólo se tiene una vida. No sé si una o muchas, pero todas las que nos toque disfrutar, deberíamos sentirlas en cada segundo, cada milésima de segundo del tiempo transcurrido entre una y otra, como algo que va a ser único e irrepetible y, por ello, tenemos que alcanzar la felicidad y dar la felicidad. Si no, ¿para qué vivimos?

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